LAS CASAS VIEJAS

The Red Door

A veces, cuando la rutina nos come y la memoria reciente duele o escuece, nos instalamos en los recuerdos. Como si ellos fuesen un bálsamo que nos reconciliase con esa memoria y nos abrigase un poquito en los momentos más grises. Pero lo cierto es que todos sabemos que son efímeros, que vienen y se vuelven a ir, y que con el paso del tiempo se van deshilachando poco a poco hasta dejar de ser lo que eran. Es inevitable.

Las casas viejas son parte de nuestro ADN, de nuestras raíces, de nuestra esencia más básica. Conservan las huellas de quienes les dieron vida. Y cuando de repente, un día, se vacían, siento que nos invade un escalofrío de nostalgia que es tan inevitable como esos recuerdos de los que hablaba. Cuando volvemos a ellas, huelen a lo de siempre. A lo que siempre olieron. Tienen vida propia. Todo sigue…

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